Madurar es llenarse de matices.
Madurar es llenarse de matices.
¿Puede la palabra describirse a sí misma?
Todo ese exceso de yoes en el que tropezamos.
Una lee. Una hace. Una escribe. Una es.
A menos de un mes del fin de las clases, ya todos nos pasamos el día conteniendo (la tensión, las emociones, la astenia) y contando (las notas, las advertencias, los días que quedan para acabar el curso...).
Nadie que no sea profesor puede imaginar tanta hipérbole.
Pues a mí me encantó lo que dijo el Papa. Me resultó cercano y muy poco pomposo, y que hablara de Perú en español me pareció un magnífico dardo para el hiperventilado Trump. Cuando leyó lo hizo bien, y cuando no leyó, aún mejor. Paz. Paz e igualdad para todos. Estoy contenta.
Marciales, los marcianos.
🤣
Ya hemos tenido el virus y el apagón. ¿Están agendados los zombies?
A veces también sucede que una palabra vale más que mil imágenes.
GRACIAS
¿Estáis todos seguros de que este año tiene el mismo número de días que los anteriores? No lo veo claro...
Tanto hilo para tan poco sastre...
Ay, Chorch... no me di cuenta de eso, ¿sabes? Creo que dar clases es siempre un poco abrirse en canal. Pero gracias a ti por tu lectura tan bonita... ¡y a tu madre! 😉😍
Por cierto, si estáis en Cataluña, pensad que en unos días celebraremos Sant Jordi, y que los libros de hace cinco años tienen que pedirse con antelación 😜.
Del miedo, el desconcierto, el agradecimiento, la vocación.
Y 13 días después, mi propuesta estaba en la bandeja de entrada de un despacho de @GrupoPlanetaES.
Y ya han pasado cinco años.
Qué barbaridad.
Luego abrí mi ordenador y mis entrañas, y me dispuse a recorrer con palabras un curso imposible, desafiante, insólito, inimaginable. Y mis dedos volaron sobre el teclado y hablaron de alumnos y alumnas, de clases y retos, de educación y fantasmas.
Unas 100 páginas más, para ser exactos.
Y convertirla en un libro.
Me dio 15 días de plazo.
Pasé la primeras 48 horas en shock.
Eso fue lo que le ocurrió también a una de mis alumnas más bonitas, cuya madre era, sin yo saberlo, una editora extraordinaria y de gran calado, clave en el universo literario de mi ciudad.
Ella, Gloria Gasch, me propuso alargar un poquito la carta en cuestión.
Y sucedió que, al estar el mundo volcado en las pantallas, mi carta no llegó solo a los adolescentes a los que iba dirigida, sino también, en muchos casos, a sus familiares.
(Nos confinaron la sociabilidad. Nos obligaron a encontrar nuevas vías para los abrazos. Muchos aún andan tropezando con el estupor que aquello les causó.)
Ya han pasado cinco años. Qué barbaridad.
Cinco años de aquel curso imposible cuyo último día escribí, como hago siempre, una carta a mis alumnos y alumnas. Solo que aquella vez fue distinta y no pude entregársela en mano, sino que tuve que enviarla por correo.
Un día eres joven, y al siguiente te pasas los días mirando la app del tiempo.
¿Cuántas horas llevamos ya con Mario?
Ay, amigo... ojalá no haberlo escrito nunca...
Abrazo largo de vuelta.
Qué tristeza infinita, Chorch. Beso.
Ay, Yi, qué tristeza más grande...
Abrazo grande de vuelta.
Así es como voy a recordarte siempre, mein kleiner weiser Mann. Listo, atento, rápido, inquieto, perseverante, observador, generoso y extraordinariamente divertido.
Beso al cielo.
Fue maravilloso verlo en las clases siguientes, tapándose la boca al darse cuenta de que había vuelto a responder en voz alta y guiñándome un ojo, aunque ya no hiciera falta, como para pedir perdón y demostrarme que a la siguiente pregunta volvería a intentarlo.
Al escuchar aquella propuesta me miró con sus enormes y brillantes ojos (que siempre iban de un lado a otro, como si no quisieran perderse nada de lo que pasaba en el mundo) y, con una sonrisa infinita, me dijo que le parecía una idea "wunderbar".
¿Qué te parece? Así los demás también podrán responder alguna pregunta y se pondrán contentos".