La crisis de la izquierda.
La crisis de la izquierda.
La de relaciones preciosas que nacerían gracias a las Séneca (yo mismo tuve una): con este movimiento el Perro completa su círculo virtuoso con un rotundo y sonoro 'sí al amor' como complemento gemelar de su 'no a la guerra'.
(Y que conste que a mí me rompe el corazón tener que entrevistar a según qué personajes y dejar pasar a otros –o peor, hablar con ellos sabiendo que no van a salir– en una alfombra.)
Hay una combinación de factores de la que todos salen más o menos beneficiados. Es un circo, y como circo un poco ridículo, claro, pero necesario. Igual que las galas de premios y los festivales. Tomarse demasiado en serio el lado payaso de la vida (y el cine) es siempre poco favorecedor.
Yo hace años conseguí que una peli de Coixet tuviera dos páginas en Lecturas porque Antonia Dell'Atte me dio unas declaraciones atractivas en la premiere de Barcelona. Hubo lectoras de la revista (no sé cuántas, pero las hubo) que vieron 'Elisa y Marcela' por eso. Todos conocemos el juego.
Espacios como Días de cine y publicaciones especializadas como Fotogramas ocupan muy poco espacio en el abanico mediático. La alfombra es algo que se inventa precisamente para ampliar el eco natural de un estreno hacia otros lugares. La frivolidad es inherente al fenómeno, pero ha sido así siempre.
Los influencers son tontos y es penoso que los guionistas no vayan a los estrenos, cierto, pero Isabel Coixet no tiene razón. La presencia de famosoides en alfombras rojas sí tiene una función: recoger la existencia de esas pelis en programas y revistas que, de otra manera, no les darían cabida.
Una de las gatas ha poteado en la alfombra y ya voy por el tercer intento de quitar la mancha que en lugar de quitarla la hace más grande en plan Mr. Bean restaurador artístico. Bona nit.
En realidad hermana no tengo, bueno, a los niños hay que contarles alguna mentirijilla.
Primer año de padre y ya diciéndole a mi hijo que cómo voy a ser yo machista si lo que más me gusta en el mundo es una mujer y tengo madre y hermana, que aprenda.
Y aprovecha el momento en que el protagonista enseña el final de su última película para demostrar que él *sabe* dirigir un plano secuencia aparatoso y elegante y emotivo, una exuberancia casi opuesta a su escritura minimal. Hay algo de golpe de pecho, ahí. Un engreimiento que me hace gracia.
Soy la clase de espectador que encuentra la puesta en escena de Trier, esa entrega a sus actores tan morosa del primer plano, esa austeridad coqueta, poco estimulante. En 'Valor sentimental' hace el ejercicio de imaginarse un estilo propio para el personaje de Stellan Skarsgard, director de cine.
Lamentablemente (para mí, claro), las pelis de Joachim Trier me gustan mucho menos de lo que me interesan, pero reconozco que 'Valor sentimental' sabe dejarme bien en mi sitio como espectador gruñón. Me refiero a la escena del pase en la filmoteca.
Sí, a mí también. Ya ni siquiera me meto en la lectura de género. De nuevo, no he leído la novela, pero en la peli al final hay un tout est pardonné ¡obra maestrita mediante! "El pobre tenía su propia manera de lidiar con el dolor" (mientras la pseudoanalfabeta se quedaba sola en casa).
No, si eso se refleja bien en la peli, pero lo que es un poco "me lo saco de la manga" es la inversión de roles.
¿Exactamente en qué medida la tragedia de Hamnet resuena en la tragedia de Hamlet? No lo digo con retintín pero –sin haber leído la novela– tras ver la película me han parecido piezas de dos puzzles distintos unidos a martillazos.
Chloé Zhao contrató a Bart Simpson para que dijera "yo no he sido" en la banda sonora.
La mayoría de espectadores llegarán al final de la peli sin pensar en que han bancado a un adolescentoide sin cara. Lo normal es descarrilar por esa vía, pero Trachtenberg y su coguionista, Patrick Aison, hilan fino en la escritura de la androide para dimensionar al prota. Es un trabajo notable.
La idea de meter un predator en una odisea "de contrarios", casi una romcom enemies-to-lovers, puede nacer de la ruleta rusa de clichés en la que se convierten a veces las sesiones de pitch, pero lo cierto es que está todo... bien escrito. E, insisto, no es fácil: la premisa es bastante endiablada.
Si la tomamos como una peli de aventuras infantiles –que lo es, sí: ¿y?–, habrá que preguntarse si su director ha resuelto la papeleta. Porque hacer una peli de aventuras infantiles divertida ¡no es nada fácil! No se me ocurren argumentos en contra para disputar su oficio (tampoco los he leído).
Dejando a un lado los fetichismos que obsesionan a los calvos con coleta, 'Predator: badlands' es uno de los poquísimos blockbusters contemporáneos que no fía sus secuencias de acción a la inanidad genérica. Dan Trachtenberg pone la cámara donde quiere ponerla y tiene seda en los ojos.
'Predator: badlands' fue recibida con un "meh" global por disneyficar la marca y convertir la jungla del original en un supuesto parque acolchonado. Extrañamente, pocos críticos han mencionado que, además de todo esa jauja –propia del marketing, no del cine–, es una muy buena película.
A media semana de que empiecen a usar el caso Epstein para distraer del lío que han montado en Oriente Medio.
MARAVILLA
Uuuh vaya timing COLEGA
Levo todo o día cunha canción na cabeza pero non digo cal é que non quero problemas.
No sabía,no. Maravilla.
Qué tío. Tiene una novela aún por escribir el personaje, eh.
Espero que mi madre no se haga cuenta de bluesky por sorpresa para contestar a este tuit con una foto del póster en 3D del Pato Donald que me colgó cuando tenía 2 años. (La decisión la tomó ella, no computa como precedente válido.)
El póster de 'El Ejército de las tinieblas' fue el primero que tuve en mi habitación. No tomé muchas decisiones cool en la infancia (tampoco más adelante), pero ésa fue tan acertada, fotogénica y contable que parece un recuerdo inventado. Y sin embargo no lo es.